jueves, 24 de febrero de 2011

Proverbios 27:9


Mateo 6:21


Josué 24:24


Jeremías 1:19


Isaías 60:1


Isaías 49:6


1 Juan 3:20


miércoles, 23 de febrero de 2011

Romanos 10:9


Jeremías 29:11


Hebreos 13:6


Hebreos 1:11


Apocalipsis 3:20


1 Juan 1:9


Salmo 91:11-12


Deuteronomio 6:5


Deuteronomio 1:11


miércoles, 29 de diciembre de 2010

Lo que se oye


El que tiene oídos para oír, oiga.
Mateo 11:15

Estad atentos, y oíd mi voz; atended, y oíd mi dicho.
Isaías 28:23

Dos amigos caminaban por una calle concurrida y ruidosa de una ciudad soleada del sur de Francia. Uno de ellos preguntó:
–¿Oyes el canto del grillo?
–¿Con semejante ruido?, respondió el otro.

El primero, un zoólogo, tenía el oído ejercitado para percibir los sonidos de la naturaleza. No contestó nada a su amigo; simplemente dejó caer una moneda. Enseguida varias personas se dieron la vuelta.
–Oímos sólo lo que queremos oír, señaló él.

Nuestro oído, demasiado a menudo aturdido de informaciones, ¿está ejercitado para escuchar la voz de Dios? Atrapados en un torbellino de actividades, corremos el riesgo de permanecer sordos a lo más importante.

Pero, ¿Cómo habla Dios? Lo hace por medio de la naturaleza: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos… No hay lenguaje, ni palabras… Por toda la tierra salió su voz” (Salmo 19:1-4).
También nos habla por medio de la Biblia. Tomémonos tiempo para leerla atentamente, sin prejuicios y con el deseo de conocer a Dios. Quedaremos sorprendidos por el resultado.

Ante todo Dios nos habla por su Hijo Jesucristo, a la vez Dios y hombre. Su vida perfecta, su integridad moral, su amor más fuerte que la muerte, nos incitan a confiar en él y a conocerle mejor. Jesús no decepciona a ninguno de los que confían en él, porque a éstos les da lo que nadie más puede ofrecer: la vida eterna.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

martes, 2 de noviembre de 2010

Santiago 1:5


Salmo 130:5


Salmo 37:5-6


Salmo 34:12-14


Salmo 18:46


Hebreos 13:16


1 Corintios 9:7